lunes, 4 de octubre de 2010

Abuelitas: ángeles que siempre nos cuidarán


En estos dias que dan ganas de quedarse en la casa tomando algo caliente, arropadito, y muy muy consentido recuerdo a mis abuelitas. Tuve dos porque ya murieron. Por parte de mi papá mi abuela Leonor y de mi mamá mi abuelita Lucha que se llamaba Lucila.
De mi abuelita Leo no tengo recuerdo pues murió de un infarto cuando yo tenía 9 meses. EL 17 de septiembre cumplió 32 años de muerta. Mi abuelita Leonor tenía manos prodigiosas. Tejía y pintaba. A mí y a mi prima Fernanda que tiene mi edad, nos tejió cobijitas y otras cosas. También enseñaba a tejer a otras de sus amigas como a Beatriz de Gonzalez. Mi abuela fumaba, y tenía un pelo precioso, grueso y ondulado. No le gustaban mucho las fotos porque decía que tenía la nariz torcida. Mi abuela Leonor era consentidora quería mucho a sus dos primeros nietos, mis hermanos Mauricio y Marcela. Su perdición era Marcela a quien adoraba. Cuando yo era bebé me llevaban a la casa de mi abuela Leo en interlaken y allá me cuidaban. Ella me arrullaba sentada en la mecedora y se ponía brava si timbraban porque decía que me despertaban.
Me cuentan que antes de que se muriera, me paró y quiso que yo caminara. efectivamente al tiempo de su muerte yo me paré y salí corriendo pero ella no estuvo ahí para verme. Después de que murió, me cuentan mi papá y mi mamá, que si pasábamos en el carro por la casa de ella en Interlaken en Ibagué, yo me atacaba a llorar y tenían que arrancar; me dicen que eso pasó casi durante un año después de que ella murió. Los que la conocieron, algunos dicen que yo me parezco a ella. No sé, la verdad yo no sé a quién me parezco.
Mi abuelita Lucha era alta y blanca me hacía vestidos muy lindos y me regalaba retazos para coserle vestidos a la Barbie. También me cuidaba cuando me daban
migrañas y me tenían que recoger en el colegio. Ella estaba conmigo y me hacía remedios. Mi abuelita era delicada y muy tierna. Me daba calados cuando yo iba a visitarla y por eso yo le decía "abuelita lucha calao". Mi abuelita me consentía y cuando ya estaba yo estudiando acá en Bogotá, y me iba a Ibagué a pasar vacaciones, me invitaba a almorzar y me hacía unas empanadas deliciosas. En navidad ella hacía una receta de Popayán se llamaban rosquetes y eran deliciosos. Mi abuelita era nerviosa y siempre dijo que jamás se montaría en un avión y así fue, nunca tuvo que hacerlo. Le daba miedo la velocidad, así que pocas veces se subía al carro de mi abuelito Roberto que manejaba a toda.
Mi abuelita Lucha murió este año en febrero y la extraño. También extraño a la abuelita Leo que no pude conocer. Aunque ya no estén aquí estoy segura de que desde donde estén me ven, me ayudan. Yo les rezo porque las quiero y las recuerdo.

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