lunes, 7 de junio de 2010

Abril Rojo: Perú se parece a Colombia



El título de esta reseña resume un poco mi percepción sobre esta obra del peruano Santiago Roncagliolo, galardonada con el premio Alfaguara de Novela en 2006. En Abril Rojo nos cuentan la historia de un pueblo peruano durante las celebraciones de semana santa, mientras en las zonas rurales cercanas parece revivir el temido Sendero Luminoso. Una serie de asesinatos, aparentemente sin relación tienen ocupado al fiscal Félix Chacaltana Saldívar. El fiscal es un hombre solitario, separado, que parece tener un enredo amoroso con la mesera de un restaurante. Hasta ahí todo normal. Lo inverosímil de la novela es que este personaje desde el inicio dibujado como un tipo incorruptible, fácilmente impresionable, medio cobarde, de un momento a otro se convierte en un asesino demente que mata de las formas mas brutales. Ahí la novela falla, el fiscal no es coherente.
Una de las cosas más lindas de Abril Rojo, en mi lectura, tiene que ver con que muestra el sincretismo religioso del Perú. La forma en que los indígenas Incas asumieron el cristianismo sin dejar sus creencias. Las hermosas tradiciones de Semana Santa, la decoración de la ciudad, las procesiones, cantos y demás que combinan herencia española con tradiciones incaicas.
Por otro lado, está el parecido con Colombia. Perú también ha sido azotado por la violencia guerrillera, por la corrupción militar, por la compra de votos, por las amenazas y el miedo que han desaparecido pueblos enteros. En esta obra de Roncagliolo, la violencia está presente de principio a fin, con descripciones que hielan la sangre y le dan a la novela ese aire de novela negra que se propone el autor.
Abril Rojo es una novela entretenida, cruel, pero que se deslegitima por la incoherencia de su personaje protagonista. Sin embargo, la novela de deja leer.

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